La rica costa, de Costa Rica.
Pura vida.
Cuando estábamos en Nicaragua no sabíamos que ruta tomar para cruzar
Costa Rica. En Granada conocimos varios ticos, entre ellos a Don Javier,
quienes nos fueron orientando, todos nos mencionaron cruzar la frontera y
llegar a Liberia para aprovechar las playas del lado del océano Pacifico en la
provincia de Guanacaste, así que eso fue lo que hicimos.
Entramos a Costa Rica el Jueves 6 de Agosto, llegamos a Liberia sin
saber para donde caminar y comenzamos a
preguntar, la gente resulto ser muy amable y servicial, eso facilito mucho las
cosas pues la recomendación que me hicieron los amigos ticos de mi hermano Raúl
fue que para combatir lo caro en los precios había que siempre estar
preguntándole a la gente común y corriente. Liberia es un lugar de paso donde los turistas suelen
pasar una noche y de allí tomar el transporte hacia las playas o hacia algún
parque nacional, pero nosotros decidimos usarlo como base para de allí tratar
de conocer al menos un par de playas. Es importante mencionar que Costa Rica es
un país lleno de áreas naturales protegidas y con una expansión turística
ejemplar.
Después de un par de días tuvimos la oportunidad de explorar por primera vez en el viaje una playa, solamente habíamos ido a verlas en El Salvador; esta costa del océano Pacifico se
llamaba Playas del Coco. El trayecto no fue largo desde Liberia, solo fuimos a
pasar el domingo allá, donde comimos unas deliciosas brochetas de cerdo. Luego
fuimos a la playa la cual no es muy grande pues es como un pequeño golfo. Al
mediodía las nubes comenzaron a aparecer, así que antes de que lloviera decidí
meterme al mar, las olas eran muy tranquilas y la arena muy fina de origen volcánico con un tono café obscuro. Nadé por
unos minutos, pero la amenaza de lluvia hizo que me saliera y que nos
regresáramos a Liberia.
Pero después de un par de días más en Liberia, llego el momento de ir a
experimentar más a fondo las playas de Guanacaste, así que fuimos a un lugar
mucho más turístico llamado Tamarindo. Durante el trayecto pudimos ir
observando el océano en algunos puntos, hasta que llegamos a Tamarindo, como
llevábamos nuestras maletas tuvimos que ir a instalarnos primero, conseguimos
un bonito hostal lleno de turistas extranjeros que se llamaba “Pura Vida”, pero el calor que se sentía era tal que
tuvimos que resguardarnos dentro del hostal hasta que comenzó a bajar el sol.
En la tarde cuando salimos fuimos en busca del mar, cuando llegamos a la
entrada pudimos ver la arena con un tono café claro, así como la inmensidad del
océano; pero eso no fue todo, pues el
lugar nos dio la bienvenida con un atardecer de esos que solo se aparecen en
los sueños, con un sol metiéndose atrás de las olas y con un reflejo sobre la
arena al compás de la marea.
Tamarindo es algo caro por la gran cantidad de turistas norteamericanos
y europeos que lo visitan, pero era un lugar tan hermoso que tratamos de
quedarnos algunos días, al final de cuentas fueron solamente tres, pero
alcanzamos a darnos un buen chapuzón de lo que son las playas en esta zona del
país. El segundo día salí con mi traje de baño, mi toalla y fui directamente a
meterme al mar; las olas eran de esas que son divertidas, que hay que estar
brincando unas tras otras, y por lo tanto un buen lugar para practicar el surf,
así que por toda la playa se veía gente con sus tablas.
Finalmente el último día tuvimos la oportunidad de ver los colores del
atardecer desde un edificio donde la vista era muy buena. Cada que volteaba el
cielo tenía un tono nuevo y con barquitos apareciéndose mágicamente en medio de
la ventana. Por la noche tuvimos la oportunidad de ir a las fiestas de
Tamarindo, una especie de feria de pueblo, con un rodeo, con venta de comida y
con gente bailando y bebiendo cervezas. Todavía el día que salimos de Tamarindo
en el trayecto se alcanzaron a ver otras playas al salir, todas ellas de una
belleza imposible de no admirar.
Las costas en el Pacifico al norte de Costa Rica son muy bonitas, hay
una gran cantidad de playas dignas de conocer, nosotros solo pudimos conocer
esas dos, pero creo que con eso alcanzamos a darnos una idea de lo que uno
puede encontrar en esa zona, ahora solo nos queda seguir la ruta, sabiendo que
en este país lo que sobran son lugares para conocer.
Escrito por David Herrera
17 de Agosto de 2015.


